ESTRATEGIAS NUTRICIONALES EFECTIVAS PARA COMBATIR EL HÍGADO GRASO NO ALCOHÓLICO

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) se ha convertido en un desafío cada vez mayor para la salud pública, exacerbado por la creciente prevalencia de obesidad y diabetes. La NAFLD afecta aproximadamente al 20-30% de la población adulta, y representa la afección hepática crónica más común en el mundo occidental (Rong et al., 2023). Esta condición abarca desde la forma más leve, conocida como hígado graso no alcohólico (NAFL), hasta formas más graves como la esteatohepatitis no alcohólica (NASH), que pueden progresar a cirrosis (condición severa del hígado que se desarrolla cuando el tejido sano es reemplazado por tejido cicatricial, lo que impide que el hígado funcione correctamente).

La NAFLD está íntimamente ligada a trastornos metabólicos como la obesidad central, dislipidemia, hipertensión e hiperglucemia. Hasta la fecha, no existe un tratamiento farmacológico específico para la NAFLD, por ello, el tratamiento se centra en intervenciones de estilo de vida, incluyendo ajustes dietético- nutricionales, aumento de actividad física y reducción del consumo de tabaco y alcohol. Estas medidas no solo ayudan a gestionar la NAFLD, sino que también abordan las condiciones metabólicas subyacentes, formando una estrategia integral para mitigar los efectos de esta enfermedad hepática (Paternostro & Trauner, 2022; Perumpail et al., 2018; Pouwels et al., 2022).

 

TRATAMIENTO CONSERVADOR: RECOMENDACIONES DIETÉTICO-NUTRICIONALES

Se recomienda reducir la ingesta calórica total y los alimentos con alto índice glucémico (IG), mientras se aumenta el consumo de ácidos grasos monoinsaturados, ácidos grasos omega-3, fibras y fuentes de proteínas. La dieta mediterránea, caracterizada por una ingesta reducida de carbohidratos refinados y azúcares, junto con un aumento en el consumo de ácidos grasos monosaturados y omega-3, ha demostrado ser particularmente beneficiosa para el manejo de  esta patología (Eng & Estall, 2021; Paternostro & Trauner, 2022; Pouwels et al., 2022).

 

AZÚCARES

Los diferentes tipos de azúcares, como la fructosa, glucosa y sacarosa, tienen impactos distintos en la salud del hígado. La fructosa, en particular, puede promover la acumulación de grasa y la resistencia a la insulina más que la glucosa, especialmente cuando se consume en grandes cantidades y en combinación con dietas altas en grasas. Las formas líquidas de azúcares, como los jarabes de maíz de alta fructosa, pueden ser más perjudiciales debido a su fácil consumo en grandes cantidades. Por lo tanto, es importante considerar no solo la cantidad de azúcar en la dieta, sino también su tipo y forma, para minimizar los riesgos de desarrollar enfermedades hepáticas graves como NAFLD y NASH (Eng & Estall, 2021).

 

GRASA

El contenido óptimo de grasa en las dietas para modelar la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) y la esteatohepatitis no alcohólica (NASH) es un tema de debate.

Estudios en roedores indican que dietas con hasta un 60% de grasa pueden aumentar la ingesta de energía y la adiposidad, destacando el papel crucial de las grasas frente a los carbohidratos y proteínas en el aumento del consumo energético y la acumulación de grasa corporal (Eng & Estall, 2021).

En humanos, las dietas de individuos con NAFLD suelen contener alrededor de un 36% de grasa. Aunque las dietas cetogénicas, que son altas en grasa (60%), han ganado popularidad para la pérdida de peso, su efectividad para el manejo de NAFLD/NASH es cuestionable debido a la posible inducción de cetogénesis. La falta de estudios comparativos sobre las proporciones y tipos de grasas dificulta la recomendación de una dieta óptima para la investigación de NAFLD/NASH.

La evidencia reciente destaca que un balance adecuado de grasas en la dieta es crucial para el estudio y manejo de la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) y la esteatohepatitis no alcohólica (NASH).

 

 

VITAMINAS

VITAMINA E.  Funciona como antioxidante. La vitamina E puede disminuir el riesgo de muerte o trasplante y la descompensación hepática. La vitamina E ha mostrado ser prometedora en el tratamiento de la esteatohepatitis no alcohólica (NASH), especialmente en personas sin diabetes.

VITAMINA C. La vitamina C es muy similar a la vitamina E en que también se trata de un antioxidante y, por lo tanto, puede disminuir el estrés oxidativo observado en pacientes con NAFLD y NASH (Perumpail et al., 2018).

VITAMINA D. Existe una alta correlación entre la deficiencia de vitamina D y NAFLD. Aunque algunos estudios sugieren que la vitamina D puede tener efectos antifibróticos y reducir marcadores inflamatorios, múltiples estudios no han encontrado beneficios claros en la función hepática o la histología en pacientes con NAFLD. La suplementación con vitamina D puede estar limitada clínicamente debido a su potencial de causar hipercalcemia (Perumpail et al., 2018).

 

PREBIÓTICOS Y PROBIÓTICOS

La microbiota intestinal desempeña un papel crucial en la patogénesis de la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) y la esteatohepatitis no alcohólica (NASH). Los estudios indican que los probióticos, prebióticos y simbióticos pueden influir positivamente en el tratamiento de estas condiciones al modular la microbiota intestinal. Varios estudios han demostrado que la suplementación con probióticos puede mejorar los niveles de aminotransferasas hepáticas, reducir la inflamación y el estrés oxidativo (Rong et al., 2023).

 

 

 

Por todo ello, en el manejo de la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD), se recomienda reducir la ingesta de azúcares, especialmente fructosa y azúcares líquidos, equilibrar adecuadamente las grasas en la dieta priorizando ácidos grasos monoinsaturados y omega-3, y considerar la suplementación con vitaminas antioxidantes como la vitamina E.. Además, la modificación de la microbiota intestinal mediante prebióticos y probióticos puede mejorar la inflamación y el estrés oxidativo en NAFLD. Estas intervenciones dietéticas, junto con el aumento de la actividad física y la reducción del consumo de tabaco y alcohol, forman una estrategia integral para mitigar los efectos de NAFLD.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

Eng, J. M., & Estall, J. L. (2021). Diet-Induced Models of Non-Alcoholic Fatty Liver Disease: Food for Thought on Sugar, Fat, and Cholesterol. Cells, 10(7), 1805. https://doi.org/10.3390/cells10071805

Paternostro, R., & Trauner, M. (2022). Current treatment of non-alcoholic fatty liver disease. Journal of internal medicine, 292(2), 190–204. https://doi.org/10.1111/joim.13531

Perumpail, B. J., Li, A. A., John, N., Sallam, S., Shah, N. D., Kwong, W., Cholankeril, G., Kim, D., & Ahmed, A. (2018). The Role of Vitamin E in the Treatment of NAFLD. Diseases (Basel, Switzerland), 6(4), 86. https://doi.org/10.3390/diseases6040086

Pouwels, S., Sakran, N., Graham, Y., Leal, A., Pintar, T., Yang, W., Kassir, R., Singhal, R., Mahawar, K., & Ramnarain, D. (2022). Non-alcoholic fatty liver disease (NAFLD): a review of pathophysiology, clinical management and effects of weight loss. BMC endocrine disorders, 22(1), 63. https://doi.org/10.1186/s12902-022-00980-1

Rong, L., Zou, J., Ran, W., Qi, X., Chen, Y., Cui, H., & Guo, J. (2023). Advancements in the treatment of non-alcoholic fatty liver disease (NAFLD). Frontiers in endocrinology, 13, 1087260. https://doi.org/10.3389/fendo.2022.1087260

Sanyal, A. J., Williams, S. A., Lavine, J. E., Neuschwander-Tetri, B. A., Alexander, L., Ostroff, R., Biegel, H., Kowdley, K. V., Chalasani, N., Dasarathy, S., Diehl, A. M., Loomba, R., Hameed, B., Behling, C., Kleiner, D. E., Karpen, S. J., Williams, J., Jia, Y., Yates, K. P., & Tonascia, J. (2023). Defining the serum proteomic signature of hepatic steatosis, inflammation, ballooning and fibrosis in non-alcoholic fatty liver disease. Journal of hepatology, 78(4), 693–703. https://doi.org/10.1016/j.jhep.2022.11.029

 

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